La voz pertenecía a Joaquim Lacerda, dueño de la quinta de Santo António, una finca cafetalera de tamaño medio de 320 hectáreas, con unos ochenta trabajadores forzados.
Joaquim tenía poco más de cincuenta años. Su cabello empezaba a encanecer, su barba estaba bien cuidada y su ropa era sencilla pero limpia. No era ni rico ni poderoso. Era un hombre que sobrevivía endeudado, calculando cada gasto, cada cosecha, cada posible pérdida.
Los demás compradores se rieron. Siete centavos por esa mujer que consideraban inútil. A sus ojos, Joaquim estaba perdiendo la razón.
El subastador, aliviado de no tener que devolver la mercancía, golpea el martillo. Benedita fue vendida.
Joaquim subió a la plataforma, se quitó la cadena del tobillo y se la llevó. Ella lo siguió en silencio, con la mirada perdida.
Caminaron tres kilómetros hasta la quinta. Joaquim iba montado en su viejo caballo castaño. Benedita lo siguió a pie, encadenada, con los pies ensangrentados por el camino de tierra.
Cuando llegaron, el sol se estaba poniendo. El cielo se teñía de naranja y púrpura. Joaquim desmontó, la ató y la conducida directamente al granero.
Una propuesta inesperada
El granero era un gran edificio de madera donde se guardaban herramientas, sacos de café y algunos animales. Joaquim cerró la puerta, subió una lámpara de queso y se sentó en un taburete.
Observó a Benedita durante un buen rato antes de hacerle una simple pregunta:
—¿Sabes leer?
Ella no respondió.
Lo intentó de nuevo:
—¿Sabes pelear?
Esta vez, algo brilló en sus ojos. Casi imperceptible, pero suficiente para que Joaquim lo notara.
Fue a buscar una gran espada de caza, la sujetó por la parte metálica y extendió la empuñadura hacia ella. Benedita no la tomó. Lo miré con recelo.
Joaquim dejó la hoja en el suelo, entre ellos, y retrocedió.
Le explicó que no quería lastimarla ni enviarla al campo. Tenía otro plan, pero necesitaba que confiara un poco en él, al menos por esa noche.
Luego le contó su historia. Diez años antes, había tenido un hijo único, Vicente, un muchacho inteligente y valiente. Un día, de regreso de la ciudad, fueron atacados por bandidos. Vicente intentó defender a su padre y fue apuñalado en el pecho. Murió en los brazos de Joaquim.
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬