“Pasé meses creyendo que ningún hombre decente podría mirarme jamás como finiste hacerlo hoy”.
Clarka.
¿Qué?”
“No estaba finciendo tanto como crees.”
Por un instante, solo pude mirarlo fijamente.
Se frotó la nuca y, de repente, su aspecto dejó de parecer el de un actor pulido.
Miré hacia la puerta por donde Jordan había desaparecido.
Un hombre pasó años convenciéndome de que ya no importaba.
El otro había pasado una tarde demostrando que yo todavía lo hacía.
Sonreí.
Clark me ofreció su brazo con un gesto exagerado.
Entre risas, conecta el mío a través de él.
Por primera vez en mucho tiempo, mi felicidad ya no era una actuación.