La pregunta que nunca dejaban de hacerse
Las chicas rara vez hablaban de su padre biológico.
Pero pensaban en él.
Sabía que lo hacían.
Especialmente junio.
Cuando cumplieron dieciocho años, empezaron a buscar.
Registros online.
Antiguos contactos familiares.
Redes sociales.
Cualquier cosa.
Pero Daniel había desaparecido.
Sin número de teléfono.
Sin dirección.
Nada.
Una noche, June se sentó a mi lado en el porche.
“¿Alguna vez le odias?” preguntó.
Lo pensé durante mucho tiempo.
Entonces negué con la cabeza.
“No.”
Ella parecía sorprendida.
“¿Por qué no?”
“Porque odiarle me quitaría energía que necesitaba gastar en amarte.”
June no dijo nada.
Pero vi lágrimas en sus ojos.

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