Retroceda hacia el micrófono. “Dejo de lado el compromiso”.
Su voz se quebró. Suplicó.
Yo mantuve la calma.
—Puedes quedarte con el anillo —dije—. Parece que lo vas a necesitar.
Nadie se rio.
Nadie se movió.
Dejé el micrófono.
Y yo marché.
Afuera, el aire se sentía diferente.
Más ligero.
Mi teléfono no dejaba de vibrar.
No lo revisé.
Esa misma noche, empaqué sus cosas.
Solo lo esencial.
Nada más.
Luego me senté en el borde de la cama.
Y por primera vez en mucho tiempo, todo se sentía claro.
Ni ira.
Ni siquiera alivio.
Solo certeza.
No solo desenmascaré una mentira, sino
que me alejé de ella.
Y de una cosa estaba segura:
ya no estaba atrapada en ella.