Ni sala de audiencias.
Ni público.
Solo la luz del sol, el viento y el sonido de las olas.
El pasado siempre formaría parte de mi historia.
Pero ya no me definía.
Porque el día que Alexander me llevó a esa sala de audiencias creyendo que sería mi perdición, sin saberlo, abrió la puerta a la suya.
Y ahí fue donde finalmente comenzó mi nuevo comienzo.