—Año veintisiete —dijo Claire—. Tu negocio casi se hunde. Mamá vendió las joyas que le dejó su propia madre. Nunca preguntaste de dónde salió el dinero. Simplemente diste por hecho que todo se solucionó.
Alguien en la parte de atrás comenzó a llorar.
Claire dejó que el silencio se instalara.
“Quedan treinta y seis páginas más”, dijo. “Cada año. Cada sacrificio. Todo aquello que mamá nunca mencionó porque no llevaba la cuenta”.
David pasó a la última página.
Solo había una frase.
**Este fue el año en que dejaste de elegirla.**
Por primera vez esa noche, David se quedó sin palabras.
—No —susurró, con la voz quebrándose—. Por favor, para. No puedes hacerme esto.
Claire lo miró con calma.
“Puedes irte si eso es lo que quieres”, dijo. “Pero no cambies la historia al marcharte”.
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