Marjorie soltó una risita. «Por fin. Un poco de dignidad».
En la puerta, me detuve.
Saqué mi teléfono e hice una llamada.
«Te necesito aquí. Ahora mismo».
Grant sonrió con sorna. «¿Llamando a un amigo?».
Me giré lo suficiente para que vieran mi cara.
«No», dije con calma. «Llamo al abogado de Daniel».
Parte 2
Durante las siguientes dos horas, interpretaron mi silencio como una derrota.
Marjorie encargó bolsas para nuestras pertenencias. Grant me siguió de habitación en habitación, haciendo comentarios mientras empacaba.
«No te lleves los marcos de plata», dijo. «Son de la familia».
Tomé una foto de Daniel con Eli sobre sus hombros, ambos riendo bajo la lluvia, y la guardé con cuidado en mi bolso.
Grant bloqueó la puerta. —¿Me oíste?
—Te oí.
Me observó. —Siempre has sido demasiado tranquila. Daniel pensó que significaba clase. Yo sabía que no era así.
Eli se removió nervioso detrás de mí.
Fue entonces cuando algo cambió en mí.
Me arrodillé y le cerré la cremallera de la mochila.
—Ve a sentarte junto a la ventana, cariño. Cuenta los coches.
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