Aurora le sirvió salsa.
“Es más vergonzoso no volver jamás”.
Daniel sonrió con tristeza.
A partir de entonces, la llamaba todos los viernes, no por culpa, sino por amor.
Cuando reconstruyó su empresa, creó un fondo de becas para jóvenes pobres que querían estudiar tecnología. Lo llamó “Raíz”, porque finalmente comprendió que ningún árbol crece fuerte después de rechazar la tierra que lo sostenía.
La historia se extendió por todo México no solo porque una madre abrió un ataúd y encontró a su hijo con vida.
Se extendió porque la gente comprendió una dolorosa verdad:
A veces, uno aleja a quien más ama porque cree en quien mejor miente.
Brenda quería enterrar a Daniel por su dinero.
Pero Doña Aurora descubrió la verdad antes de que fuera demasiado tarde.
Porque una madre puede envejecer, cansarse, sentir el corazón roto y estar sola.
Pero cuando siente que su hijo aún respira, ni siquiera la muerte puede detenerla.