Protegió lo suyo.
Y cuando Rafael apareció en el funeral creyendo que iba a verla hundida, Mariana ya tenía lista la verdad completa.
Él pensó que entraba con una nueva familia.
Entró con su condena.
Pensó que Mariana necesitaba su apellido, su presencia, su aprobación.
Pero al final, el hombre que preguntó durante años qué sería ella sin él terminó descubriendo la respuesta más cruel.
Mariana sin Rafael era libre.
Rafael sin Mariana no era nadie.