Arturo lo notó y se giró.
Durante dos segundos, no pudo comprender lo que estaba viendo.
Entonces se puso de pie.
“Mariana.”
“Arturo.”
Su voz era tranquila, y eso le asustaba más que la ira.
Mariana miró a Camila.
“Tú debes ser Camila Ríos”.
Camila se quedó de pie, incómoda. —No lo sabía…
—Sí, lo hiciste —dijo Mariana—. Lo que no sabías era dónde estabas.
Arturo apretó la mandíbula.
“Mariana, este no es el lugar.”
Observó el restaurante, las luces, los platos, el emblema en las paredes.
“Te equivocas. Este es exactamente el lugar.”
Octavio le entregó una carpeta.
Mariana lo colocó junto a la copa de vino de Arturo.
“Estás sentado en mi mesa, en mi restaurante, dentro de mi hotel.”
Arturo soltó una risa seca.
“¿Su hotel?”
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