“Construye una vida que no tengas que esconder.”
No se abrazaron.
No era necesario.
Algunos finales no requieren ternura. Solo requieren que no haya más mentiras.
Más tarde, Mariana caminó sola por el vestíbulo. Las flores estaban frescas. La letra A plateada brillaba sobre las puertas del ascensor. Durante años, su apellido le había resultado una carga.
Ahora me sentía como en casa.
Ya no necesitaba vengarse.
Ya no necesitaba explicar su valía.
Porque una mujer que recupera su nombre no regresa para pedir permiso.
Ella regresa para abrir sus propias puertas.