Era casi medianoche cuando finalmente terminaron las preguntas.
Katherine me miró.
—Creí que había venido a pedirte dinero —dijo, apoyando una mano sobre el libro cerrado—. Pero me mostraste algo que jamás podré comprar ni recuperar.
—Esa siempre fue la mayor deuda —respondí.
Entonces le entregué un sobre.
Dentro había suficiente dinero para un depósito de seguridad, comida y tres meses de alquiler de un apartamento modesto.
Se quedó mirando la cantidad.
“¿Por qué seguirías ayudándome?”
“Porque nuestras hijas nos están viendo.”
Miré a Greta y a Amelia.
“Quiero que entiendan que la compasión no nos exige negar lo sucedido. Ayudar a alguien no significa fingir que nunca te hizo daño.”
Katherine dobló el sobre con cuidado y lo guardó dentro de su abrigo.
Al llegar a la puerta, Amelia se apresuró a regresar hacia la estantería.
Tomó el libro Las aventuras del pequeño zorro y se lo llevó a Katherine.
Por un segundo, pensé que Amelia le estaba dando el libro como recuerdo.
—Tendrá algo para recordarte —dije.
Greta negó con la cabeza.
“No, papá.”
Miró fijamente a su madre.
“Lo está tomando para poder terminar de leerlo por fin.”
Katherine apretó el libro maltrecho contra su pecho.
Por primera vez esa noche, no pidió nada más.
Entonces se adentró en la noche.
El comienzo después del final
Tras cerrarse la puerta, el espacio vacío en la estantería parecía mucho más grande que el que debería haber ocupado un solo libro pequeño.
Greta se dio cuenta de que lo estaba mirando fijamente.
¿Qué vamos a leer ahora, papá?
Apoyé las manos en las ruedas de mi silla.
“Creo que finalmente hemos llegado al final de esa historia.”
Amelia se dirigió al estante y escogió otro libro.
Lo colocó suavemente sobre mi regazo.
“Entonces deberíamos empezar uno nuevo.”
Las chicas se acomodaron a mi lado, tal como lo habían hecho casi todas las noches de sus vidas.
Afuera, Katherine se detuvo junto a su coche.
Sostenía el libro de cuentos envuelto en cinta adhesiva bajo un brazo.
A través de la ventana abierta, mi voz se perdió en la fría noche mientras comenzaba a leer la primera página de nuestro nuevo libro.
Katherine se quedó allí un rato, escuchando a la familia que una vez había abandonado.
Quizás finalmente comprendió que el perdón no podía devolverle los años que había perdido.
El dinero podría ayudarla a reconstruir su casa.
La honestidad podría ayudarla a reconstruir la confianza.
Pero solo el tiempo —y las decisiones que tomara a partir de ese momento— podrían determinar si alguna vez volvería a formar parte de nuestra historia.