Miré alrededor del auditorio: las carpetas, las conversaciones, la gente que seguía preguntando dónde inscribirse.
Entonces respondí:
“Necesitaba respeto, Roy. Tú fuiste quien pensó que eso era opcional”.
No dijo nada.
Me di la vuelta y volví a entrar en la sala.
No hacia los aplausos.
Hacia un trabajo que importaba.