Parte 2: La Protección Final de Arturo
Mi nombre estaba escrito en la carpeta con la letra familiar de Arthur.
**Por Eleanor, cuando llegue el momento.**
La primera página era una carta.
Arthur escribió que si yo lo estaba leyendo, alguien finalmente había revelado su verdadero carácter. Me pidió que no perdiera demasiado tiempo enfadada porque aún tenía una vida que vivir.
Me reí antes de llorar. El consejo le sonaba exactamente a él.
La página siguiente explicaba todo.
La cuenta conjunta no fue nuestra fortuna.
Era cebo.
Durante los dos últimos años de su vida, Arthur trabajó discretamente con nuestro abogado, James Whitfield, y nuestro director de banco, Gerald Marsh, para protegerme.
Había cuentas solo a mi nombre, un fideicomiso que cubría mis necesidades de por vida, dos propiedades que generaban ingresos y una póliza de seguro de vida que Sarah nunca había descubierto.
La cantidad que Arthur protegía era mucho mayor que el dinero robado.
Al final del resumen, había escrito que en el momento en que el dinero saliera de la cuenta conjunta, Gerald sería alertado.
Mi teléfono sonó antes de que terminara de leer.
Era Gerald.
Explicó que la transferencia había activado un procedimiento de seguridad que Arthur estableció catorce meses antes. Gerald ya había contactado con James y estaban listos para guiarme en los siguientes pasos.
Me senté en la silla de Arthur y miré sus gafas.
“Estoy listo”, dije.
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