Porque yo no había ido al juzgado para pedir libertad.
Había ido para asegurarme de que perdieran mucho más que un matrimonio.
Y cuando la jueza pronunció mi nombre completo en voz alta…
la cara de mi suegra se quedó blanca.
PARTE 2
La jueza volvió a mirar la identificación, luego el expediente que la secretaría le había acercado con manos visiblemente tensas.