La Sala del Tribunal
La audiencia llegó tres semanas después.
Patricia entró vestida como si asistiera a una fiesta de victoria.
Traje de diseñador.
Collar de perlas.
Sonrisa radiante.
Se sentó orgullosa detrás de Daniel.
De vez en cuando me lanzaba miradas de suficiencia.
Casi sentí pena por ella.
Casi.
El juez revisó la documentación.
Todo parecía rutinario.
Entonces Daniel levantó la mano.
“Señoría, antes de empezar, hay algo que me gustaría que constara en el acta.”
La sala del tribunal quedó en silencio.
Patricia frunció el ceño.
“¿Qué haces?” susurró.
Daniel la ignoró.
El juez asintió.
“Procede.”
Daniel le entregó una memoria USB.
“Me gustaría que todos los presentes vieran por qué estamos aquí.”
La confianza de Patricia desapareció.
La verdad sale a la luz
Se iluminó una pantalla.
Apareció el primer vídeo.
Habitación de hospital.
Dos días después del accidente.
Daniel apenas consciente.
Me senté a su lado cogiéndole la mano.
Decirle que le quería.
Apareció el segundo vídeo.
Fisioterapia.
Daniel luchando.
Yo animándole.
La tercera.
La cuarta.
La quinta.
Las semanas se convirtieron en meses.
La sala del tribunal observaba en silencio.
Las pruebas pintaban un cuadro imposible de ignorar.
Una esposa que nunca se fue.
Una esposa que lo sacrificó todo.
Una esposa que eligió el amor cada día.
Luego vino la segunda parte.
Mensajes de Patricia.
Comentarios crueles.
Comentarios despectivos.
Visitas canceladas.
Registros que mostraban lo rara vez que había estado realmente presente.
Un mensaje hizo que varias personas se quedaran boquiabiertas.
“No me gusta verle así. Llámame cuando esté mejor.”
Patricia se puso pálida.
La expresión del juez se endureció.
Pero Daniel no había terminado.

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