Meses después, llegó una carta.

Diego escribió con remordimiento, admitiendo sus errores y asumiendo la responsabilidad por el dolor que provocó. Prometió convertirse en un hombre mejor, alguien digno de regresar a casa algún día.

Elena lloró, pero esta vez, sus lágrimas contenían esperanza.

Porque había aprendido una poderosa verdad:

El amor no consiste en soportarlo todo.

A veces, la forma más fuerte y que más salva vidas de amor…

es tener el coraje de establecer límites.