El cáncer no llega solo.
Provoca miedo, ira, incredulidad y una profunda sensación de pérdida: pérdida de certeza, de confianza en tu cuerpo, del futuro que dabas por sentado que tendrías.
Para Mark, la ira era algo complejo.
“No solo estaba enojado con los médicos”, dice. “Estaba enojado conmigo mismo por no haber presionado más”.
Esa autoculpabilización es común, pero a menudo injusta.
A los pacientes se les enseña a confiar en los profesionales médicos. Cuando se desestiman sus preocupaciones, se necesita confianza —y a veces confrontación— para cuestionar esa confianza.
No todo el mundo se siente capaz de hacerlo.
Tratamiento y realidad
El tratamiento de Mark consistió en una combinación de quimioterapia, radioterapia y cirugía. Fue agotador.
Hubo días en que no podía comer nada. Días en que se sentía irreconocible. Días en que se preguntaba si las cosas habrían sido diferentes si alguien lo hubiera escuchado antes.
“Nunca lo sabré”, dice. “Esa es la parte más difícil”.
Lo que sí sabe es que la detección temprana es importante.
Y el silencio, ya sea de los pacientes o de los médicos, puede ser mortal.
La señal que quiere que todos conozcan
Si Mark pudiera compartir un solo mensaje, sería este:
“La dificultad para tragar no es algo que deba ignorarse, especialmente si se repite con frecuencia.”
Tiene cuidado de no sembrar el pánico ni sugerir que todos los síntomas sean cáncer.
“Pero la persistencia es importante”, afirma. “Si algo no te parece bien y no desaparece, merece atención”.
Él hace hincapié en los siguientes puntos:
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Los síntomas sutiles también cuentan.
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Tranquilizar no es lo mismo que investigar.
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Usted tiene derecho a buscar una segunda opinión.
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Tú conoces tu cuerpo mejor que nadie.