Una promesa hecha en una habitación de hospital.

1979 — El silencio después del amor

En 1979, la vida de Richard Miller se sumió en el silencio.

A los treinta y cuatro años, ya era viudo. Su esposa, Anne, había fallecido dos años antes tras una larga enfermedad que no solo la consumió esencialmente, sino que también dejó su hogar vacío. La casa que una vez albergó sueños de hijos ahora resonaba con un profundo vacío.

Las tardes eran lo peor.

Richard se sentaba solo a la mesa de la cocina bajo el resplandor amarillento de una sola bombilla, mirando el papel tapiz despegado mientras el tictac del reloj se burlaba del paso del tiempo. Sus amigos lo instaban a que se volviera a casar, a que “empezara de cero”, a que siguiera adelante.

Pero a Richard no le interesaba reemplazar lo que había perdido.

Estaba atado a las últimas palabras que Anne le había susurrado desde su cama de hospital:

“No dejes que el amor muera conmigo. Dale un lugar donde ir.”

En aquel momento, él no sabía dónde terminaría ese amor.

La noche lluviosa que lo cambió todo