Orfanato de Santa María

Una noche fría y lluviosa, su vieja camioneta se averió cerca del orfanato de Santa María, en las afueras del pueblo.

Entró solo para usar el teléfono.

Pero antes de que pudiera llamar para pedir ayuda, escuche algo más.

Llanto.

Ni un solo llanto.

Muchos.

Siguió el sonido por un pasillo oscuro hasta llegar a una pequeña habitación infantil. Filas de cunas se alineaban una junto a la otra.

Dentro había nueve niñas pequeñas.

Todas las pieles oscuras.
Todas con grandes ojos marrones.
Todas extendiendo sus brazos frágiles hacia arriba.

Sus gritos se superponían —uno gimoteando, otro lamentándose, otros quejándose— creando un coro desgarrador que llenaba la habitación.

Richard se quedó paralizado.

Nueve bebés.

“Serán separados”