Parte 1
El día de la graduación llenó el auditorio de sonrisas, flores y aplausos. Los padres sostenían cámaras, los abuelos se secaban las lágrimas discretamente y los niños corrían impacientes con sus pequeñas togas.
Solo una niña pequeña estaba de pie sola.
Valentina, de siete años, sostenía con fuerza su certificado de graduación y miraba a su alrededor, buscando un rostro que no estaba allí.
No tenía padre.
Su madre, Marisol
, había fallecido hacía dos años a causa de un cáncer y desde entonces vivía en un orfanato.
Los profesores intentaron sonreírle, pero todos sabían lo difícil que estaba siendo ese día para ella.
Al mismo tiempo, en la primera fila de los oficiales, estaba sentado Alejandro Morales.
Uno de los empresarios más ricos del país.
Él había financiado la renovación de la escuela y había sido invitado a entregar los premios.
Cientos de trabajadores lo admiraban.
Los periodistas lo seguían a todas partes.
Pero nadie sabía que cada noche regresaba a una enorme casa vacía.
Su esposa había fallecido hacía diez años y nunca habían tenido hijos.
La ceremonia finalizó entre aplausos.
Los niños corrieron hacia sus familias.
Pero Valentina permaneció inmóvil.
Ella aún conservaba su diploma.
Luego respiró hondo y caminó lentamente hacia Alejandro.
Los guardaespaldas la obligaron a detenerse.
Pero levantó la mano.
“Déjala en paz.”
La niña pequeña estaba de pie frente a él.
Sus ojos estaban llenos de miedo.
“Señor…”
Alejandro se arrodilló para estar a la misma altura.
“Dime.”
Valentina bajó la mirada.
“¿Podrías… fingir ser mi padre… solo por hoy?”
La habitación entera se quedó congelada.
Nadie habló.
Su profesora rompió a llorar.
Alejandro sintió un nudo en la garganta.
“¿Por qué me lo preguntas?”
La niña sonrió débilmente.
“Porque todos los demás tienen a alguien que los abrace en las fotos… y yo no tengo a nadie.”
El multimillonario no pudo contener las lágrimas.
Sin pensarlo dos veces, abrió los brazos.
“Con mucho gusto.”
Valentina se abalanzó sobre él y lo abrazó con tanta fuerza, como si lo hubiera estado esperando toda su vida.
Los fotógrafos comenzaron a capturar el momento.
Todo el auditorio estalló en aplausos.
Pero nadie podría haber imaginado que ese abrazo cambiaría sus vidas para siempre.