Tras la ceremonia, Alejandro no pudo marcharse.
La imagen de la pequeña Valentina no se le quitaba de la cabeza.
Así que decidió acompañarla de vuelta al orfanato.
La directora, la señora Carmen, lo recibió con emoción.
“No sabes lo que significa para ella lo que hiciste hoy.”
Valentina seguía sujetándole la mano.
Como si temiera que, si lo dejaba, desaparecería.
Mientras conversaban, apareció de repente una mujer elegantemente vestida.
“Me llamo Patricia.”
Su voz era fría.
“Soy la tía de Valentina y he venido a recogerla.”
La niña se escondió inmediatamente detrás de Alejandro.
“No quiero ir con ella.”
Carmen frunció el ceño.
“Patricia… no apareciste durante tantos años.”
“Las condiciones han cambiado.”
Alejandro se dio cuenta de que algo andaba mal.
Pidió ver los documentos.
Patricia se irritó.
“No es asunto tuyo.”
En ese momento, Alejandro se fijó en una vieja fotografía sobre la mesa.
La tomó entre sus brazos.
Marisol sostenía en brazos a la recién nacida Valentina.
Junto a ella estaba la joven Patricia.
Pero detrás de ellos…
Había un hombre al que Alejandro reconoció de inmediato.
Ernesto Salgado.
Su expareja.
El hombre que quince años atrás le había robado millones y había desaparecido sin dejar rastro.
Alejandro miró a Carmen.
“¿Quién es?”
La mujer palideció.
Patricia intentó agarrar la foto.
“No importa.”
“Importa mucho.”
Carmen comenzó a temblar.
Ernesto era el padre de Valentina… Abandonó a Marisol cuando quedó embarazada. Más tarde regresó solo para extorsionarla y amenazar con quitarle al niño.
Patricia bajó la mirada.
“No vine sola…”
“¿Entonces por qué viniste?”
“Ernesto me envió.”
Antes de que pudiera continuar, el teléfono móvil de Alejandro vibró.
Abre el mensaje.
“Aléjate de la chica… o mañana todo el mundo sabrá tu secreto.”
Alejandro se quedó paralizado.
Valentina lo miró con preocupación.
“Señor… ¿qué sucedió?”
Escondió el teléfono móvil en su bolsillo.
Pero en su interior lo sabía…
La verdadera pesadilla acababa de empezar.