Parte 3 (Final)
Esa noche Alejandro no durmió ni un minuto.
El mensaje no era una simple amenaza.
Sabía perfectamente a qué secreto se refería.
Veinte años atrás, había invertido todo su dinero en una empresa dirigida por Ernesto Salgado.
Cuando descubrió que su socio estaba robando dinero a los inversores, lo denunció.
Ernesto desapareció, dejando tras de sí miles de víctimas.
Desde entonces, Alejandro vive con la culpa de no haber detectado el fraude antes.
A la mañana siguiente se presentó en el orfanato.
“Valentina, a partir de hoy no te dejaré sola.”
La niña le sonrió.
Por primera vez desde la muerte de su madre, se sintió segura.
Unas horas más tarde, Ernesto apareció con sus abogados.
“La hija es mía.”
Alejandro se puso de pie frente a él.
“Un padre no es alguien que aparece después de años por dinero.”
Carmen entregó una caja con las cartas de Marisol en el juzgado.
En su interior había diarios, fotografías y grabaciones de audio.
En una de ellas, Marisol dijo:
“Si alguna vez me pasa algo, jamás dejen que Ernesto se lleve a Valentina. Él nunca la amó ni un solo día.”
La sala quedó en silencio.
Los jueces decidieron de inmediato iniciar una investigación.
Al mismo tiempo, la policía arrestó a Ernesto por los antiguos fraudes financieros que habían permanecido impunes durante tantos años.
Patricia rompió a llorar.
“Lo siento… le tenía más miedo que amor a mi sobrina.”
Unos meses después, Alejandro solicitó la adopción de Valentina.
Cuando el juez le preguntó si estaba de acuerdo, ella sonrió ampliamente.
“Ya no tiene que fingir ser mi padre…”
Ella corrió a sus brazos.
“…porque ahora él es realmente mi padre.”
Nadie en la sala logró contener las lágrimas.
El hombre que creía haber perdido para siempre la oportunidad de ser padre encontró una familia donde menos lo esperaba.
Y la niña que había pedido un padre “solo por un día”…
Ella encontró un padre para toda la vida.