Rafael intentó acercarse a Mariana.
—Mariana, espera. Esto no es lo que parece.
Ella no se apartó. Solo lo miró con una calma insoportable.
—No, Rafael. Es exactamente lo que parece.
En ese instante, 2 hombres vestidos de civil entraron al panteón y caminaron directo hacia el abogado con sobres sellados.
Rafael entendió que no había llegado al funeral de su suegro.
Había llegado a su propia sentencia.
Y cuando uno de esos hombres pronunció su nombre completo frente a todos, Rafael supo que lo que venía era mucho peor de lo que podía imaginar.
PARTE 2
Rafael pasó los siguientes días intentando convencerse de que todavía tenía salida.
La primera noche llamó a Mariana 27 veces. Ella no contestó. Le mandó mensajes largos, después mensajes cortos, después amenazas disfrazadas de advertencias.
“Podemos arreglar esto como adultos.”
“Piensa en lo que dirá la prensa.”
“No te conviene destruirme.”
“No olvides que sé cosas de tu familia.”
Mariana no respondió ninguno.
Sofía, en cambio, no dejó de reclamar.
—Me dijiste que ella estaba acabada.
—Lo estaba —respondió Rafael, caminando de un lado a otro en el departamento de Santa Fe.
—No, Rafael. Una mujer acabada no hereda 300 millones de dólares.
Él la miró con rabia.
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