Teresa rompió a llorar.
No de rabia.
Por la comprensión.
Había pasado años maltratando a la única persona que legalmente tenía derecho a reclamarlo todo.
Las investigaciones avanzaron rápidamente después de eso.
Los bienes fueron congelados.
Los documentos fueron revisados.
Las propiedades fueron examinadas.
La imagen cuidadosamente construida del imperio Cárdenas comenzó a desmoronarse poco a poco.
Meses después, Alejandro apareció solo en nuestra casa.
Sin reloj caro.
Sin guardaespaldas.
Sin confianza.
Solo arrepentimiento.
Le pidió perdón a Camila.
No dinero.
No propiedades.
No estatus.
Solo perdón.
Camila escuchó en silencio.
Luego le entregó una carta y se marchó.
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