Su rostro cambió.
Confusión.
Incredulidad.
Entonces el miedo.
¿Qué es esto?”
“Documentos de la empresa”.
¿Y?
“Lea con atención.”
Entonces lo vio.
El nombre.
El verdadero dueño.
Diego Serrano.
“No… eso no es posible…”
—Siempre ha sido así —dijo Diego en voz baja.
“Camila…” susurró Álvaro.
—Mi hermana —respondió Diego—. La mujer a la que insultaste anoche.
—Ella nunca te necesitó —continuó Diego.
Pausa.
“La necesitabas.”
“Y yo.”
Todo se derrumbó.
La puerta se abrió.
Los abogados intervinieron.
“Con efecto inmediato, queda usted destituido de su cargo”.
cast¿Qué?!”
“Incumplimiento de contrato. Mala conducta. Abuso de autoridad”.
—¡Esto es por su culpa! —gritó Álvaro.
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