Y eso fue lo que Rebeca y Daniel nunca pudieron soportar.
No fue la llamada al 911.
No fueron las patrullas.
No fue el video ni la audiencia.
Fue que la mujer a la que intentaron romper se levantó frente a todos, dijo la verdad y dejó que el mundo escuchara.
Porque cuando una mujer deja de pedir perdón por sobrevivir, ya nadie puede volver a encerrarla en el silencio.