Pero primero, Rocco necesitaba comprender la magnitud de la traición.
Porque en el mundo de Rocco había reglas.
Y la regla más importante era simple.
Nunca se ataca a familias inocentes.
Nunca se debe robar comida a los niños.
Nunca se debe dejar a las madres sin opciones, teniendo que elegir entre medicamentos y comida.
Vincent había roto esa regla.
Y ahora estaba a punto de descubrir por qué Rocco Moretti se había ganado su reputación como el hombre más temido de la ciudad.
Parte 2
Cuando Rocco salió de la casa de Sarah y Emma esa noche, su teléfono vibró con un mensaje de Tony que confirmaba que la compra había sido entregada.
Pero la mente de Rocco ya iba varios pasos por delante.
Hombres como Vincent siempre tenían informantes, siempre había ojos vigilando. Por la mañana sabría que Rocco Moretti había visitado personalmente a una de sus víctimas.
Rocco conducía por calles empapadas por la lluvia, con los nudillos blancos de tanto apretar el volante.
Durante 30 años había construido su organización: 30 años de reglas meticulosas y límites claros que sus hombres sabían que nunca debían cruzar.
¿Por qué Vincent había roto esas líneas? ¿Por unos millas de dólares robados a familias que apenas tenían lo suficiente para sobrevivir?
Sonó su teléfono.
El nombre que apareció en la pantalla hizo que su presión arterial subiera aún más.
Vicente Caruso.
—Jefe —dijo Vincent con indiferencia. Demasiado indiferencia—. Oí que estuvo por mi barrio esta noche. ¿Todo bien?
Rocco mantuvo la voz firme.
“Solo estoy revisando algunos asuntos, Vincent. Nada que te incumba.”
“Por supuesto que no, jefe. Solo me aseguraba de que nadie causaría problemas en mi territorio. Ya sabe lo protector que soy con las familias a mi cargo”.
La audacia casi hizo reír a Rocco.
Vincent se jactaba de proteger a las mismas familias a las que había estado destruyendo.
⏬ Continua en la siguiente página ⏬