—La propuesta de hoy tiene datos alterados. Si se presentaba así, el cliente habría firmado con proyecciones falsas.
Mariana se quedó inmóvil.
Sofía abrió los ojos.
—Yo no puse datos falsos.
El encargado de sistemas asintió.
—No. Los cambios también salieron del usuario de Mariana.
Rafael miró a Sofía.
Luego a Mariana.
—Esto ya no es solo abuso laboral.
Ernesto ordenó cerrar la sala.
Mariana se levantó de golpe.
—¡Ustedes no entienden! ¡Yo lo hice para salvar la cuenta!
Pero sus propias palabras la condenaron.
PARTE 3
La confesión accidental de Mariana dejó la sala de juntas en un silencio pesado.
Sofía la miró sin odio. Eso fue lo que más desarmó a Mariana. No había triunfo en sus ojos, ni deseo de verla destruida. Solo una tristeza profunda, como si al fin entendiera que durante meses había buscado aprobación en un lugar que nunca pensó verla como persona.
Ernesto se quitó los lentes y los dejó sobre la mesa.
—Mariana, acabas de admitir que modificaste información financiera de una
Mariana había tomado modelos de Sofía, Renata y 2 analistas más. Había borrado créditos internos. Había cambiado cifras para hacer la propuesta más atractiva. Y cuando notó que algo no cuadraba, necesitó un culpable.
La becaria era perfecta.
Callada.
Nueva.
Sin aparente protección.
O eso creyó.
—Yo no quería dañarla —dijo Mariana, mirando por primera vez a Sofía—. Solo necesitaba que alguien asumiera el error mientras yo arreglaba todo.
Sofía apretó el saco de su padre sobre los hombros.
—Me tiraste café encima delante de todos.
Mariana bajó la mirada.
—Fue un accidente.
Renata habló desde el fondo.
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