“Preséntate a las 2. No quiero pleitos.”
Ella llegó creyendo que, al menos por la bebé, habría una conversación decente.
Pero encontró a Rodrigo con Karla.
Y con una solicitud de matrimonio civil ya firmada.
—Nos casamos el viernes —anunció él, como si hablara de reservar una mesa en Polanco—. Quiero empezar mi vida de verdad.
Valeria tragó saliva.
—¿Tu vida de verdad?
Rodrigo se acercó y bajó la voz.
—Tú fuiste un error. Una buena muchacha, sí, pero sin brillo. Sin ambición. Sin nada que ofrecer.
Karla soltó una risa suave.
—Rodrigo merece una mujer que lo inspire, no alguien que lo llene de responsabilidades.
Valeria miró a esa mujer y luego a su esposo.
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