La fiscalía comenzó.
Primero mostraron transferencias pequeñas. Cantidades que Rafael creyó invisibles porque estaban repartidas en varias cuentas.
Luego mostraron contratos falsos.
Después, facturas infladas.
Luego correos.
Después, mensajes.
Cada documento aparecía en una pantalla grande. Cada fecha coincidía. Cada firma lo acercaba más al abismo.
Su abogado intentó objetar.
—La defensa considera que esto carece de contexto.
La jueza lo interrumpió.
—El contexto se está presentando con bastante claridad.
Un murmullo recorrió la sala.
Rafael sintió sudor en la espalda.
Entonces llamaron a declarar a un auditor del Grupo Santillán. El hombre explicó cómo Rafael había movido fondos usando empresas proveedoras que en realidad no prestaban ningún servicio. Después declaró una exempleada administrativa. Luego un socio que aceptó cooperar. Luego un perito digital.
Todos tenían algo.
Todos apuntaban hacia él.
Pero el golpe más fuerte llegó después del receso.
La fiscalía presentó una grabación.
—Solicitamos autorización para reproducir audio relacionado con la venta de información confidencial del Grupo Santillán.
Rafael se puso de pie.
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