Ryan intentó mostrarse tranquilo, pero sus manos lo delataron.
Ashley leyó la nota e inmediatamente comprendió que Valerie sabía más de lo que Ryan había admitido.
Le susurró que Valerie no armaría un escándalo porque estaba trabajando.
Pero eso era precisamente lo que le asustaba.
Valerie no gritó.
Ella no lloró.
Ella no lo acusó delante de los pasajeros.
En cambio, desempeñó todas sus funciones a la perfección.
Dio la demostración de seguridad.
Sirvió bebidas.
Sonrió a los pasajeros.
Mantuvo la calma.
Y esa calma aterrorizaba a Ryan más que cualquier ira.
Porque Valerie no se había enterado de la infidelidad esa misma mañana.
Durante meses, ella había estado reuniendo pruebas.
Recibos. Facturas de hotel. Mensajes borrados. Fotos. Gastos de la empresa disfrazados de gastos comerciales.
Cuando Valerie llegó a su fila con el carrito de bebidas, Ryan pidió agua con gas.
Ashley pidió vino blanco.
Valerie los atendió amablemente.
Luego colocó una pequeña tarjeta junto al vaso de Ashley.
Dentro, Ashley encontró otro mensaje:
Ashley, él no tenía intención de divorciarse de mí. Le dijo lo mismo a otra mujer antes de decírtelo a ti.
La confianza de Ashley desapareció.
Ryan intentó coger la tarjeta, pero ella se la arrebató.
Por primera vez, Ashley se dio cuenta de que tal vez no era el gran amor de Ryan.
Ella podría ser solo la próxima mentira.
PARTE 3
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