Mariana soltó una carcajada fría.
—Qué ternura. ¿Ahora sí viene papi a defenderte?
Pablo se rió.
—Dile que traiga otra blusita.
Sofía guardó el celular. No dijo una sola palabra.
Diez minutos después, el elevador principal sonó.
Las puertas se abrieron.
Primero entraron 2 hombres de traje oscuro. Luego el director general de Estrada & Luján, pálido como si acabara de ver un fantasma.
Y detrás de él apareció Rafael Márquez Rivas.
El piso entero quedó congelado.
Mariana dejó de sonreír.
Rafael caminó directo hacia Sofía, vio la mancha de café, vio sus manos temblando y luego miró a todos.
—¿Quién humilló a mi hija?
PARTE 2
Durante varios segundos, nadie respiró.
El nombre de Rafael Márquez Rivas pesaba más que cualquier cargo dentro de Estrada & Luján. Sus empresas eran clientes, inversionistas y, según los rumores del sector, posibles compradores de la firma.
El director general, Ernesto Luján, tragó saliva.
—Señor Márquez… ¿su hija?
Rafael no apartó la mirada de Sofía.
—Mi única hija.
La frase cayó como una sentencia.
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