Luego miró la placa en la pared:
Valeria Mendoza, Presidenta y Propietaria Mayoritaria.
El color se le fue del rostro.
—¿Tú… eres la dueña?
Valeria abrió su carpeta.
—Siéntate, Rodrigo. La entrevista apenas empieza.
PARTE 3
Rodrigo tardó varios segundos en obedecer.
Se sentó frente a Valeria como si la silla estuviera hecha de espinas. Miraba la oficina, los reconocimientos en la pared, la fotografía de Don Ernesto Mendoza y la vista de la planta industrial donde cientos de empleados trabajaban bajo el nombre de la familia que él había despreciado.
—Nunca me dijiste —murmuró.
Valeria acomodó los papeles frente a ella.
—Nunca preguntaste.
Rodrigo tragó saliva.
—Yo pensé que tu papá solo te había dejado la casa.
—Pensaste muchas cosas.
Él intentó sonreír, pero la sonrisa salió torcida.
—Valeria, mira… sé que entre nosotros hubo errores.
Ella levantó la vista.
—No digas “errores” como si hubiera sido una confusión. Me abandonaste embarazada, me humillaste frente a desconocidos y te casaste con tu amante 3 días después del nacimiento de tu hija.
Rodrigo bajó los ojos.
Por primera vez, no tuvo una respuesta rápida.
Valeria siguió con la entrevista.
Le preguntó por liderazgo, por crisis, por responsabilidad. Rodrigo respondió con frases elegantes, pero cada vez que la pregunta exigía admitir una falla, su discurso se deshacía.
—Háblame de una decisión equivocada que hayas tomado y cómo la corregiste —dijo ella.
Rodrigo respiró hondo.
—A veces uno confía en equipos que no están preparados.
Valeria cerró la carpeta.
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